Angustia; miedo; desconcierto; desesperanza y palpitaciones. Esos son algunos de los síntomas que experimentan las personas con ecoansiedad cuando piensan o hablan de la crisis climática. Y esta cascada de sentimientos negativos no afecta solo a los comprometidos con el planeta. Se trata de un fenómeno generalizado que está haciendo mella en los jóvenes, especialmente.

De acuerdo a una publicación de The Lancet -una prestigiosa revista médica y de investigación británica-, un 45 % de la población afirma que la preocupación por el clima incide de forma negativa en su vida cotidiana y entre un 50 % y un 70 % asegura que "la humanidad está condenada" y que "el futuro es aterrador", respectivamente. Esas proporciones se desprenden de un sondeo del que participaron 10.000 encuestados de 10 países diferentes y de un rango etáreo que va de los seis años a los 25 años.

"Los jóvenes son más sensibles al tema porque han sido educados con conciencia ecológica", explica el ecólogo Alejandro Brown, director de la fundación ProYungas y experto en biodiversidad y desarrollo sustentable. Sin embargo, acota que le preocupa la forma en que se le transmite a la sociedad la problemática ambiental. "Cada vez se nota mayor escepticismo, justamente por parte de las nuevas generaciones. Por ende, la expectativa de que las cosas vayan a cambiar es baja", reflexiona, durante una charla con este diario y en virtud de dos nuevas patologías: ecoansiedad y solastagia.

La primera se refiere a la impotencia y frustración por la aceleración del calentamiento global y la inacción de la comunidad internacional. La segunda describe el sentimiento que produce ver paisajes y entornos estropearse y desaparecer. "Sin dudas hay problemas; algunos son muy evidentes y otros se prestan a interpretaciones contradictorias. Pero toda la historia de nuestra humanidad ha estado sometida a fuerzas ambientales y sociales que pusieron a civilizaciones enteras en situaciones complejas. ¿Será que no "garpa" hablar en positivo?", indaga Brown.

Desde su perspectiva, la pandemia de coronavirus nos ha sensibilizado y ha hecho que miremos con atención lo que pasa en nuestro entorno inmediato y en el horizonte global. Pero a veces -advierte-, mezclamos o confundimos acontecimientos de otros contextos. Esta percepción de Brown se sustenta en cifras, pues ha analizado más de 240 artículos periodísticos publicados en diarios de circulación nacional, en su mayoría, y ha observado que las mismas notas son replicadas con insistencia. "Esa repetición no hace otra cosa que magnificar la noticia", expresa.

Además, el 67 % del total de notas analizadas representaban posturas negativas en temáticas como incendios forestales; actividades productivas; expansión urbana; contaminación industrial; cambio climático; inundaciones; temperaturas extremas; extinción de especies; deficiencias legales y enfermedades zoonóticas.

El porcentaje restante (32 %) trataba temas positivos, como creación de nuevas áreas protegidas; manejo de especies críticas o vulnerables; aprovechamiento de algunos recursos; eficiencia tecnológica; productos sustentables y visibilización de efemérides. "En líneas generales, se puede interpretar que las informaciones negativas son de amplio alcance geográfico y que las positivas tratan temas específicos y de alcance mayormente local", observa Judith Mamaní, consultora de ProYungas

El análisis de ambos se condice con la publicación de The Lancet. El calentamiento y sus mayores consecuencias, como deshielos, inundaciones y sequías, son retos reales. Y sufrimos ansiedad porque percibimos una amenaza que supera nuestros recursos para hacerle frente. Sin embargo y ante este escenario, Brown considera imprescindible incrementar la esperanza en el porvenir.

- ¿Cree que los jóvenes están deprimidos por el cambio climático o por la falta de acción?

- Pienso que en la dicotomía radica la solución. Hoy, se prejuzga que el compromiso ambiental es abordado por el sector ambientalista y que el problema es generado por el sector económico y político. Solo si ambos sectores trascienden la comodidad de sus respectivas zonas de confort y se avienen a trabajar juntos, lograremos un ambiente sano.

- ¿Le preocupa el avance de la frontera agrícola en la Argentina?

- Creo que el campo entiende la nueva mirada del mundo hacia los temas ambientales. Y por eso tiene una tremenda oportunidad para intensificar la ganadería y mantener, a su vez, importantes coberturas forestales. Eso le hace bien a la actividad y a su imagen. Podemos mostrar las virtudes de un sistema asociado a la protección de bienes y servicios ecológicos. Nuestro país tiene la oportunidad de exhibirse como líder global en la producción de alimentos sustentables.

En definitiva, es fundamental un encuentro entre lo ambiental y lo productivo, como dos caras de la misma moneda, cierra Brown. "Además de encarar problemas importantes, estaremos dando un mensaje positivo a la sociedad. Sin esperanzas no hay cambios posibles", concluye.